La hemorroísa

Ya probé de todo: remedios, preparados, médicos, yuyos, curanderos, brujas. También antidepresivos, sectas, horóscopos, drogas, alcohol. Pero nada. Nada ha podido contra esta carga que oprime mi pecho día y noche, que no me deja vivir, disfrutar, compartir, crecer. Que no me deja estar en paz. Al contrario, mi carga se ha hecho aún más pesada. Sólo vivo algún que otro alivio fugaz, momentáneo, apenas. Efímero.

Para colmo ya no tengo bienes. Gasté todo mi dinero apostando a personas y cosas que no pudieron ayudarme. Que «probaron» conmigo y de alguna manera se “burlaron” de mi. Me hicieron sufrir física y moralmente porque me prometieron algo que no pudieron cumplir. Vendí todo lo que tenía para comprar una solución para mi vida. Pero invertí mal. Así, como quien va perdiendo y apuesta más para recuperar, al menos, lo perdido y termina perdiendo todo.

La verdad que me cansé de esta situación. Siento que toqué fondo. No puedo más.

Solo me queda una ficha. Una ficha que mantiene viva mi esperanza y la jugaré ahora. La jugaré hoy.

Haré todo lo posible por jugarla bien. Ya no tengo nada que perder. La poca fuerza que me queda la pondré, toda, en esta última jugada. Ya nadie podrá decirme que no lo intenté.

No sé si oyeron hablar de Jesús. Dicen que hace milagros. Viene ahora hacia aquí, navegando en el mar. Hace un rato se desató un fuerte viento y tuve miedo. Miedo de que su barca se hundiera y él no pudiera llegar hasta la orilla. Pero ahora el viento calmó y debe estar llegando. Voy a encontrarlo.

Mientras voy hacia allí, de lejos, diviso que algunos se han adelantado y ya lo esperan. Eso aumenta mi fe. Más lejos alcanzo a ver, apenas, una embarcación que viene hacia aquí. ¡Debe ser Jesús!

Mientras tanto, les cuento: cargo con esta enfermedad desde hace 12 años. Una enfermedad que me avergüenza mucho, que me impide mirar a los demás a los ojos, que me impide vivir de forma normal y me hace sentir impura, indigna de cualquier cosa. A veces no puedo dormir. Me desespero al ver que nada puede sacarme este peso de encima. Deseo la paz, la libertad. Pareciera que todos perciben mi condición y eso me hace aislarme de ellos. Ellos también se aíslan de mi.

Mi enfermedad me debilita mucho. La mayor parte del tiempo me la paso postrada en la cama, sin fuerzas, llorando de impotencia. Mi vida es triste, vacía. Me siento sola. Sí, la soledad es quien reina en mi. El infierno debe tener mucho de soledad.

¡Ya llegó Jesús a la orilla!. Yo también estoy llegando. Veo que las personas me miran con desprecio, titubean, quieren alejarse de mi, pero no de Jesús. Un poco indecisas prefieren quedarse allí. Pero me miran más a mi que a Jesús. Alguien habla con él ahora. ¡Se arrojó a sus pies! y le pide algo con mucha insistencia.

Jesús accede y se deja conducir por esa persona. Es el momento. Voy a aprovechar que la gente no quiere tocarme, eso hará que pueda llegar más fácil hasta Jesús mientras va caminando. ¡Si tan solo pudiera tocar su manto!

Ay, Jesús si supieras lo que para mi significa mezclarme entre tanta gente para llegar a vos. Es un gran esfuerzo. Si supieras las cosas que me están diciendo ahora. ¿No escuchás Jesús? Me humillan Señor. Pero no importa, sos mi última ficha, lo importante es llegar a vos. Estás a unos 10 metros Jesús. Allí voy. Puedo ver tu manto entre la gente. Sos el único y el último que puede ayudarme. Sos mi salvación, mi oportunidad. ¡Allí voy!

– ¿Quién tocó mi manto? –

Ay Dios mío está mirando, está buscando. ¿Cómo supo que toqué su manto? ¿Qué pasó conmigo? ¡Me sanó! ¡Sí, me sanó!

Todos me miran.

Sus discípulos le dicen: «¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas quién te ha tocado?».

No puedo parar de temblar. ¡La multitud se detiene con El  a causa de mi! El sabrá que fui yo. Dios mío no puedo para de temblar. Tengo mucho miedo.
El sigue mirando para todos lados, tendré que decirle. Tendré que decirle que yo toqué su manto.

Me arrojo a sus pies y le digo toda la verdad.

– «Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda curada de tu enfermedad» –

Un aire fresco renovador, me recorre de arriba a abajo. Una sensación de plenitud que jamás viví se apodera de mi. Esa Paz que tanto añoré me invade el alma.¡Cuánto amor Señor! ¡Gracias Señor! ¡Me iré corriendo a contarle a todos lo que has hecho conmigo!

Sobre Marcos 5, 25-34

Otros testigos de su Amor

– Moisés
– La samaritana
– Abraham

Diego García Rogel

(E-mail: garciarogeldiego@gmail.com).- Soy evangelizador y comunicador social. Nacido en Bariloche, en la Patagonia Argentina. Siempre me sentí llamado a evangelizar de modo creativo utilizando los medios y las nuevas tecnologías. Mi experiencia laboral más enriquecedora fue cuando trabajé como voluntario en Radio Vaticana para la frecuencia Español/Portugués, con motivo del Jubileo del Año 2000. Soy creador y director de "TEAMA - Ideas y Acciones Evangelizadoras": un espacio en crecimiento para evangelizar, para evangelizados y para evangelizadores. Me gusta mucho la radio y tocar la guitarra, mirar fútbol, jugar al ajedrez y al básquet y compartir momentos en familia.

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