Está llamando a tu puerta

Jesús golpea tu puerta. Sólo vos sabés de qué modo El llegó hasta tu casa y sólo en vos está la decisión de abrirle. No te quedes observando por la mirilla como El te espera. Salí a su encuentro porque viene a cenar, viene a quedarse.

Es uno de mis pasajes preferidos: “Yo estoy junto a la puerta y llamo, si alguien oye mi voz y me abre, entraré en su casa y cenaremos juntos” (Ap. 3, 20).

Estas bellas palabras contienen la ternura de quien toma la iniciativa para acercarse amistosamente al otro y espera del otro una respuesta. Y es, sobretodo, una fiel expresión del amor de Dios cuando descubrimos que es Jesús, su Hijo resucitado, es el que llama y espera que le abramos. Nadie sabe qué nos tiene preparado una vez que lo dejemos entrar. Pero alguna meta tiene este Jesús si es que vino hasta nosotros esperando una oportunidad.

¿Con qué fin? Para cada persona Dios tiene un plan diferente. Y sólo vos sabrás qué te tiene preparado. Para ello primero hay que oir su llamado y luego El nos da la libertad para decirle si o no.

Por supuesto que uno no puede tomar literalmente estas palabras y quedarse esperando a que suene el timbre o el “toc toc” en la puerta de nuestra casa. Meterse en el misterio de Dios nos permite descubrir de qué modo El te llama.

Partir sabiendo que quien “llama a la puerta” es el mismo Jesús vivo y resucitado, el Jesús que venció a la muerte y al mal es un paso esencial. Luego detenete a oirlo y descubrí de qué modo te está llamando. Puede ser por medio de una experiencia dolorosa que te esté tocando atravesar o alguna gracia o regalo que estés recibiendo. Algún desafío, alguna decisión. A veces algo tan simple como una canción, un texto, una conversación son suficientes para oir claramente sus golpes en la puerta de nuestro corazón. Puede ser de los más diversos modos. Porque Dios para llamar es muy creativo.

Allí uno está frente a una decisión. Si puedo oírlo, ¿le abro?. Conozco personas que han estado frente a esta situación: ¡habían sentido el llamado de Jesús! y prefirieron dejar la puerta cerrada sabiendo que él estaba del otro lado. Miedo, desconfianza, egoísmo… quién sabe qué.

Otros piensan que pueden tener una relación con Jesús “puerta de por medio” y se pasan la vida hablando “de” Jesús y se han perdido la oportunidad de hablar “con” Jesús. No han podido encontrarse con él. Y van a misa y rezan y realizan obras de caridad, pero no le han abierto la puerta a Jesús para que El transforme sus vidas y les muestre su plan.

Jesús no se anda con medias tintas. El no sólo quiere entrar, quiere quedarse a cenar hasta altas horas de la noche. Como quien invita a cenar a un amigo.

Ahi está tu oportunidad. No te quedes mirando por la “mirilla” viéndolo cómo te espera. Abrile, dale un abrazo de bienvenida, hacelo pasar, invitalo a cenar y conocé su plan.

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